sábado, 31 de agosto de 2013

Capítulo 30 - El cortesano

El hombre que nos miraba desde la puerta no parecía sorprendido en lo absoluto de vernos medio muertos y en medio del desastre que alguna vez fue mi hogar. 

Del lugar que me tomó meses construir y adaptar a mis necesidades no quedaba absolutamente nada, todas las puertas habían sido totalmente consumidas por las llamas, mi complejo sistema de seguridad arruinado hasta la inexistencia, todos los recuerdos que había acumulado con el paso de los años, ahora solo existían en mi memoria. 

Una cosa tenía clara, encontraría a ese infeliz y lo mataría, no importaba cómo ni cuándo, pero me vengaría de esta y todas las que nos había hecho, más que nada, me vengaría de que hubiese utilizado a Aixza, que la enamorara, porque no fue necesario de que diera mayores explicaciones, su rostro es un libro abierto y la expresión que puso no se me olvidaría jamás, además Tania ya me había comentado sobre su vida en un intento por averiguar que intenciones tenía yo al acércame a ella.

Lo único bueno, era de que ya teníamos la identidad de ese desgraciado, ya podíamos darle caza, como el intentó con nosotros, ahora no tendría escapatoria.

Mis pensamientos de venganza fueron interrumpidos por Raissa y el hombre que acababa de llegar. 

- ¿Quién eres? – Raissa se puso delante de nosotros y enfrentó al recién llegado, no amenazante sino que indignada. 

- Javier- contestó relajado, apoyando su hombro en lo que quedaba del umbral de la puerta. 

- No es eso lo que estoy preguntando- insistió - ¿quién eres de verdad?, no nos moveremos de acá hasta que nos digas algo coherente. 

- Coherencia no es precisamente lo que les puedo dar, ya que la coherencia se ajusta a los parámetros de aquellos que desean respuestas y lo que están acostumbrados a escuchar, que clasifican como una respuesta lógica o esperable lo que saben conocido, por ende lo que es coherente para ti, puede no serlo para otras personas. 

- Sin acertijos genio- 

La paciencia se escurría rápidamente de su voz y comenzó a dar pequeños golpes nerviosos en el suelo con el pie derecho, mientras lo miraba de brazos cruzados esperando por una explicación, y si tengo que adivinar, apostaría a que estaba intentando influenciar su respuesta, pero no parecía estar teniendo muchos resultados, porque a cada segundo que pasaba ella fruncía más el ceño. Javier la miró con un sonrisa bastante amable y le contestó con las cejas elevadas y alzando los hombros. 

- Soy un cortesano.

- Eso - los interrumpí- es suficientemente coherente para mí- me afirmé con fuerza en Aixza que miraba directamente a Javier, pero este no la miraba a ella, me miraba a mí- ¿nos podemos ir?

- No podría estar más de acuerdo- contestó- los ayudaré a salir de aquí.

Tomó mi otro brazo y caminó a mi lado, ayudándome a salir del departamento y a llegar a la escala de emergencia para bajar los 10 largos pisos que nos quedaban. 

Raissa se quedó más atrás revisando que no dejáramos nada que nos delatara, pese a que le dije que difícilmente podían delatarnos de algo, siendo que yo vivía ahí. 

- Me debes una explicación- dijo Aixza mientras bajábamos la escalera. 

- Lo sé- contestó Javier- a todos. 

- Por mi puede esperar- me metí en medio- perfectamente podemos conversar en un lugar seguro y de preferencia con comida, estoy que me desmayo. 

- No sé por qué te creo- se nos unió Raissa- tu estómago me está desconcentrando y necesito estar atenta para evitar que nos vean. 

- ¿De casualidad ninguno tiene algo que comer?

- ¿En serio?, ¿ahora? – Aixza me quedó mirando con las cejas elevadas y moviendo la cabeza como si no fuese capaz de que tuviese hambre. 

- Qué te puedo decir, las experiencias cercanas a la muerte me abren el apetito. 

- ¿no se te ocurre nada más ridículo que decir? 

- ¿Cuenta si les digo que no tengo nada de ropa extra en mis escondites? 

- Te lo juro, voy a encontrar un lugar donde no te hayan golpeado y te pegaré en él- la pequeña estaba perdiendo la paciencia. 

- Que tensos, ¿soy el único que ve esto como algo positivo? 

- ¡De qué diablos hablas! – Raissa y Aixza estaban a punto de golpearme, sólo Javier a mi lado sonreía ligeramente, había comprendido mi punto. 

- Conmigo a su lado la incertidumbre baja- contestó él- ¿en eso pensabas?

- No te conozco y ya me estás agradando. 

- Vamos a mi casa mejor- dijo Aixza- toma- me pasó una pequeña barra de chocolate- es lo único que tengo y más vale que te dure. 

- Por mi está bien- la tomé y me la devoré en un segundo, entre bocados le agradecí de forma algo inteligible, ella sólo suspiró y continuó moviendo la cabeza, 

- ¡Movámonos! 

Salimos sin problemas del edificio, de no ser porque Raissa manipuló a medio mundo quizá no lo habríamos conseguido, milagrosamente nadie se cruzó en nuestro camino y cuando logramos llegar a donde estaba gran parte de la gente, pasamos desapercibidos como víctimas del incendio, lo cual para Raissa y Aixza era ventajoso, para mí no era más que la verdad, yo era una víctima. 

Javier se subió conmigo en el asiento trasero del jeep de Raissa. Mientras recorríamos las calles nadie dijo nada, de no ser porque Javier no dejó de sonreír en todo el camino, habría sido un viaje de lo más incómodo. 

***

Nunca un trayecto se me había hecho tan eterno, probablemente por el silencio desagradable, o quizá porque por el reflejo del espejo lateral podía ver a Javier mirándome directamente y sonriendo como si esto fuera lo mejor que le había pasado en la vida. 

Para mí no era más que una pésima broma cósmica del universo. 

No podía parar de hacer preguntas en mi mente, pero estoy segura de que Raissa estuvo hurgueteando en mis ideas, porque el impulso de preguntarle hasta el último detalle, se desvanecía al instante de que intentaba abrir la boca, casi por arte de magia o un ataque de pánico repentino.

Cuando llegamos Leo ya se veía bastante recuperado, pero insistí en que se apoyara en mí para subir hasta mi departamento, él no opuso resistencia, pero en vez de afirmarse de mi hombro, tomó mi cintura y la utilizó de ancla, Javier se paró al otro lado y pasó uno de sus brazos por su hombro. Con el tambaleo que Leo ocasionaba, a simple vista parecía que veníamos llegando de fiesta algo temprano. 

Entre Javier y yo logramos subirlo sin problemas y sentarlo en el sofá, el cual quedó impregnado de inmediato con pequeñas manchas de sangre, las cuales seguramente no saldrían con nada.

- Les estoy diciendo que estoy bien- dijo moviendo las manos para que nos alejáramos- ¡de verdad lo único que necesito es un palta, tomate, mayo!

- Ok, ok, veré que tengo de comer- miré a Javier y Raissa que estaban apoyados en la ventana sin mirarse, sin mirar nada en particular en realidad- ¿quieren algo?

- ¿Qué te parecen algunas respuestas?- dijo ella encarando a Javier. 

- Mmmm, en realidad me apetece más un té verde y unas galletas. 

- Woooo, espera- gritó Leo abriendo los ojos- ¿té verde?

- ¿O quizá una cerveza y algo para picar? – se rió ligeramente en respuesta- vamos Aix, te ayudo en la cocina. 

Me siguió hasta mi pequeña cocina y tomó cuatro cervezas del refrigerador, mientras yo buscaba algo sólido para darle a Leo. Javier se movía con total libertad en la cocina, pese a que las veces que había estado acá no dejaba la sala de estar. 

- ¿Qué?- dijo cuándo notó que yo no me movía, sólo lo miraba algo aturdida. Comencé a moverme torpemente, tomando cosas que no servían para nada, sólo para que pareciera de que hacía algo. 

- Nada- dejé el colador que había tomado en la mesa- en realidad si pasa algo. ¿Desde hace cuando que sabes todo esto?- él no modificó su expresión de tranquilidad. 

- Aix, te parece si llevamos esto adentro y les cuento todo desde el comienzo- me pasó el sándwich que había preparado- es mejor que nos sentemos todos y conversemos. 

- De acuerdo. 

Ambos llevamos la comida a la sala, donde Leo y Raissa conversaban animosamente sobre sus entrenamientos, Leo insistía que estar entrenado en manejo de armas y combate cuerpo a cuerpo le ganaba al hackeo tecnológico, Raissa le respondió que un cuchillo no servía de nada frente a una bomba si no eran capaces de desactivarla, y Leo le contestaba de que no era necesario que ellos supieran desactivarla si podían agarrar al que la había dejado ahí. 

Cuando entramos ambos cortaron su discusión y nos miraron, en realidad Raissa nos miraba, Leo no quitaba los ojos del emparedado que le aguardaba. 

- Eres la persona que más quiero en este planta- me dijo cuando dejé que lo arrebatara de mis manos. 

- En realidad quien lo preparó fue Javier, creo que es a él a quien quieres. 

- Desde luego, ya sabes que algunos no podemos resistirnos cuando nos conquistan por el estómago- 

- Yo tengo novia- dijo Javier- aunque como fue con ingredientes de la cocina de Aixza, supongo que ella es la responsable. 

- Entonces sigues siendo la persona que más quiero pequeña- dijo Leo mientras partía el sándwich por la mitad- así evitamos que mueras de pena por mí. 

- Pongámonos serios- dijo Raissa- Leo deja de presionarla, entre broma y broma nunca te tomará en serio- Leo borró la sonrisa de su rostro pero no dijo nada- Javier, creo que todos esperamos algo.

- Lo sé, Aix toma asiento- sacó una silla del comedor y la puso de frente a los tres. 


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Fue a comienzos del verano pasado, te pedí permiso para irme temprano porque estaba muy cansado y necesitaba dormir, culpando a la época de exámenes y noches de estudio por mi cansancio extremo. Llegué a mi casa y caí rendido a la cama como pocas veces en mi vida me había pasado, no tardé nada en comenzar a soñar, en el sueño llegué directo a la gran biblioteca, pero en ese momento no sabía dónde estaba, por lo que comencé a caminar desorientado, vagué por varios pasillos sin llegar a un lugar en concreto, tomé algunos de los libros que ahí se guardaban, pero no logré nada, todas las cubiertas eran iguales y al abrir cada libro me encontraba con lo mismo, es decir, sólo libros con hojas vacías. Pasillos y pasillos de libros en blanco. 

Me di cuenta de que era un sueño y traté desesperadamente de despertarme, me pellizqué, dejé de respirar, me golpeé contra varios de los estantes pero nada, no había forma de que recuperara la consciencia. 

Seguí caminando, con la idea de que eventualmente tendría que despertar, me dio la impresión de que vagué por horas, aunque no tienen que haber sido más que unos minutos. Al girar en uno de los pasillos llegué a un podio, al mismo podio donde está el libro de los nombres, el cual Leónidas ya conoce. 

En el podio me esperaba alguien, parecía estar inmerso en su lectura si notar que yo estaba observándolo, vestía una capa blanca que le cubría todo el cuerpo y su rostro estaba cubierto por una capucha, la capa y la capucha estaban cubiertas por un patrón de diseños en dorado, todo terminado en una franja burdeo que comenzaba a la altura de los tobillos. 

Caminé hacia él lo más rápido que mi cuerpo me permitía, pero él no parecía darse cuenta de mi presencia. Cuando estaba a dos pasos de él su voz me detuvo. 

“Llegó el momento de que despiertes”, cuando dijo eso no sabía si me estaba hablando a mí, “los recuerdos te llegarán lentamente, la protección será nuestra mayor aliada, pero para que tengamos éxito debes despertar” 

No entendía nada de lo que me estaba diciendo, mientras lo escuchaba y veía como cerraba el libro, decidí que bajaría las dosis de café y no comería más pizza antes de acostarme. 

Estaba desvariando entre las posibles causas de ese sueño tan extraño cuando él se giró quedando de espaldas a mí y comenzó a descender del podio mientras se bajaba la capucha, en el momento que él comenzó a girar, mi cuerpo se quedó inmóvil, no podía moverme, como si fuese un mero títere. Lo miré directamente y cuando vi su rostro desperté de un salto. 

Me estaba viendo a mí mismo. 

Desperté totalmente angustiado en mi cama, no entendía que había sucedido, había sido sin duda el sueño más extraño que alguna vez había tenido, me levanté y caminé directamente al baño a mojarme la cara. 

Cuando el agua corría por mi rostro, mientras me miraba al espejo sentí como si un velo hubiese sido levantado, comencé a ver todo diferente, recordé una cámara gigante y muchas personas en la misma túnica que yo llevaba en el sueño, recordé discusiones sobre hechos que ocurrieron hace centenares de años, vi tantas cosas suceder ante mis ojos, mis vidas pasadas, todas las experiencias que tuve mientras vivía otras vidas despertaron en mi cabeza. 

Sentí que me desmayaría ante tanta información nueva, pero de alguna forma sabía que los recuerdos que estaban resurgiendo en mi memoria eran míos, en cierto sentido me reconocía en la vida de todas esas personas que ya no existían. 

Comprendí cual era mi lugar en el mundo. 

Poco a poco, mientras los días pasaban, más cosas aparecían en mi memoria, entendía un poco más sobre mi misión como cortesano, fui más consciente del peligro al que me enfrentaba, deben saber que soy un miembro de la casa media. 

Aixza, sé que ya has tenido muchas revelaciones en el último tiempo, tu vida misma ha sido revelada ante ti en menos de un año, yo fui testigo de cómo descubrías todo, y traté de mover las piezas sin influir directamente. Presioné un poco más allá de lo que debería en mi labor como espectador, pero era necesario. 

La delgada línea entre mediar e interactuar, estuve a punto de cruzarla al enviarles los mensajes…>>

- ¿Fuiste tú quien nos envió los mensajes?- preguntó Leo- siempre pensé que había sido una dama…

- No todos, yo sólo estuve presente en la fiesta- nos miró a Leo y a mí- en los mensajes que a ti te llegaron Leonidas, requerí de un poco de ayuda, pero sí, yo les envié casi todos los mensajes. 

- ¿casi todos?- dijo Raissa- con eso asumo que las trampas no están consideradas, ¿o me equivoco? 

- Estás en lo correcto, de las misma forma en que yo podía enviarles mensajes, el Caos puede hacer lo mismo. 

- ¿Y por qué no te revelaste ante nosotros antes?

- Porque no podía, ustedes debían tener ya una idea de su verdadera misión antes de que yo les diera la última pieza del puzle- miró a Raissa directamente- y estoy seguro de que tú ya tienes una idea. 

- Debemos protegerte…- los tres se quedaron mirándome, había hablado sin darme cuenta- Lo siento ¿Raissa?

- En eso mismo estaba pensando- tomó un sorbo de su cerveza, la cual aún estaba llena- los cortesanos no se supone que despierten, ¿es por eso?

- Es un poco más que por eso. 

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Su objetivo es acabar con todo…>>

Los tres nos quedamos esperando que continuara con la explicación, pero Javier no dijo una palabra más en varios minutos, sólo miraba el suelo, su rostro no era visible para nosotros, finalmente Raissa no aguantó más. 

- ¿A qué te refieres con todo?, ¿con todos nosotros? ¿Con los jugadores? ¡Todo puede ser mucho y puede ser poco! 

- Déjalo que respire – Leo levantó la mano en la que tenía la cerveza- ¿todo, todo?, es decir… - Javier levantó la cabeza y miró a Leo asintiendo ligeramente, este tragó saliva y comenzó a negar suavemente- no puede ser… ¡eso es lo que quieren!

- Leo- le tomé el hombro pero sólo para tocarlo, parecía necesitar un punto de apoyo- ¿qué es lo que quieren?

- El Caos eso es lo que quiere- contestó- quieren el caos, el total y absoluto caos- Raissa dejó caer la cerveza al suelo, pero nadie se movió, ella parecía haber entendido lo mismo que todos. 

- Quieren eliminarlos- apuntó a Javier- a ti, y a todos los como tú. 

- Así es…

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Por varias décadas se sospechó de que eran descoordinaciones entre Las Casas lo que ocasionaba algunos desastres de proporciones épicas, como por ejemplo ambas guerras mundiales y el calentamiento global, pero en las últimas tres décadas, una comisión con cortesanos de las tres esferas hemos estado investigando sobre los vestigios del Caos y si era posible de que siguieran operando en la oscuridad. 

En un comienzo éramos seis los miembros de esa comisión, dos de cada casa, pero hemos visto como han intentado acabar con nosotros en varias ocasiones, de los seis miembros originales sólo quedamos cuatro.

El primero fue asesinado hace poco más de 20 años, con la explosión de un avión. >>

Javier dejó de hablar por un segundo, mientras nosotros intentábamos no caernos de nuestros asientos, todo calzaba, todo calzaba de una forma endemoniadamente perfecta. Cada elemento de nuestras vidas estaba planeado y las vidas pasadas a las nuestras también. 

- ¿Sabías quién era él cuando comenzaste a trabajar acá?- Leo cortó el silencio- corrijo, cuando despertaste, ¿supiste inmediatamente quienes te rodeaban?

- No- contestó despacio- como les conté, todo fue un proceso gradual, con el paso de las semanas fui descubriendo quién era quien en este juego, es la razón por la que Sam salió huyendo, el sintió mi despertar. 

- ¿Sintió?- pregunté. 

- Sí, no tengo claro si fue él o su Vigilante, pero él supo quién era yo, y lo que había significado en su historia- se tomó lo que quedaba de su cerveza y apoyó la lata en la mesa de centro- él tuvo algo que ver con la muerte de la compañera de Rafael, o más bien dicho Angelo

Cuando Javier dijo su verdadero nombre, pensé en Rafael y cómo él se veía cada vez que alguien nombraba a su alfil, la pena profunda que sentía y se reflejaba en sus ojos, ese luto sin tiempo. 

- ¿Él lo sabe?- pregunté. 

- No. 

Rafael ya se odiaba con Sam desde el momento que se conocieron, si alguien le decía que tuvo algo que ver con la muerte de la mujer que él amó, y que aún ama, seguramente iría tras él y probablemente acabaría muerto, y nosotros ya sabíamos muy bien lo que Sam era capaz de hacer y que piedad no era precisamente una palabra conocida para él.

- No lo puede saber- los tres me miraron extrañados- Su herida ya es profunda, no hay razón para torturarlo más. 

- ¿Lo perdonaste pequeña?- Leo me preguntó con sorpresa. 

- Esta vida es muy larga para gastarla enojados. 

- Quizá no lo es tanto- Raissa comentó- ¿y el segundo?

- Hace poco más de 10 años…

- ¿Y supongo que ahora toca al tercero?

- Estás en lo correcto- contestó- ¿puedes adivinar lo que sigue?

- No es necesario que lo adivinemos- dije- el siguiente eres tú. 

- Así es… - sonrió con suavidad- los dos altos están muertos, y fueron en el orden que se eligieron, por lógica, el que sigue soy yo, esa es la razón por la que desperté, y es por es que estoy acá con ustedes. 

- Es decir, no te separas de nosotros y listo- Raissa interrumpió. 

- No es tan sencillo, ustedes no me podrán proteger si pasan a ser peones. 

- ¡¿Qué?!- el grito emitido de los tres hizo saltar a Javier. 

- Esa es la parte a la que aún no llego- continuó- existe una razón por la que secuestraron a sus guardianes, y tiene que ver con lo que les dije hace un rato. 

- El equinoccio- dijo Leo, mientras se tomaba la frente. 

- Exacto. 

<< El equinoccio es la única fecha del año en la que es posible quitar la bendición de un jugador, para eso hay dos opciones; o se le quita directamente al jugador que comete la falta o… 

Se sacrifica a al guardián correspondiente, cortando el vínculo que existe entre los dos…>>

Los tres nos quedamos como estatuas, pero Javier no parecía tan pesimista, de hecho estaba sonriendo. 

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Ustedes seis, alfiles y guardianes, son los encargados de acabar con la casa del Caos, no necesito una profecía para saber eso, pero deben estar preparados, porque no saben con lo que se encontrarán. >>

- ¿Y qué pasa con la regla de no verlos en persona?- preguntó Raissa. 

- Lo mismo que con la regla de los cortesanos espectadores,- contestó con una sonrisa pícara en la cara- algunas normas están para romperse. 

- ¡Y qué estamos esperando!- dijo Leo animado. 

- De preferencia que puedas caminar por ti mismo- le contesté- y segundo, no es cosa de sólo aparecernos ¡y listo!, mágicamente nos libraremos de quienes nos han estado a punto de matar en más de una ocasión. 

- Ella tiene un punto- me apoyó Raissa, mientras se ponía de pie para tomar sacar de su bolso una computadora portátil- aún no sabemos nada de ese campanario, sólo que coincide con una boda- comenzó a mover los dedos por el teclado- ¿Tienes idea de cuantas iglesias antiguas existen en Europa? ¿Y cuantas bodas ocurren en un día?, me podría tomar semanas, hasta meses encontrarlo. 

- Quizá no tanto…- le dije, recordando vagamente una conversación que había tenido meses atrás- creo yo sé que campanario y que boda es. 

- Perfecto- dijo Javier. 

A lo que se levantó y camino hacia la puerta, se quedó en el umbral golpeando la pared con los dedos y se volteó hacia nosotros. 


- Recuerden, tienen dos meses- dijo, para luego cerrar la puerta tras él.

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