jueves, 15 de agosto de 2013

Capítulo 29 - El Equinoccio

Sam… no podía ser, ¿Sam? ¿Mi Sam? ¿Una sombra?, el mundo tenía que estar loco, ¿acaso todos los hombres en los que confiaba tenían una doble vida?

Como una película vieja en blanco y negro comencé a recordar los momentos que pasamos juntos, desde el día en que nos conocimos, cuando casi me atropella, se sentía tan culpable que me llevó directo al hospital y me acompañó hasta que se aseguró de que no tuviese herida alguna, me acordé de cómo llegó toda esa semana a verme para evitar de que me diera estrés post traumático. Ahora me doy cuenta de que era todo parte de una elaborada mentira, planificación a largo plazo para un evento que no llegaría hasta años después. 

La noche en que terminamos reapareció con claridad en mi memoria, cada línea de la conversación que se suponía no debía escuchar, la que desató tantos cambios en mi vida. 

"No tiene idea, Aixza confía en mi ciegamente"

Esas palabras retumbaron en mi cabeza y comencé a atar cabos, su olor familiar fue más evidente, presente en toda la habitación, sus ojos nos miraban con satisfacción y no habían perdido ni un ápice el brillo que los caracterizaba. 

Reviví mentalmente el día en que todo se acabó, curiosamente el mismo día en que se puso en marcha lo que ahora vivo, el día que todo comenzó al conocer a Giles. 

Giles… ¿Lo sospechabas? 

Parecía mentira que ahora estuviésemos ambos aquí después de tantos meses, y una completa ridiculez de que él estuviese tratando, y por poco casi consiguiéndolo, de matarnos a los tres, pero su postura no se había modificado, seguía con la katana en alto, listo para atacarnos en cualquier momento.

En mi cabeza habían pasado ya horas desde que se sacó el casco exponiendo su identidad, pero sólo habían sido unos segundos.

Raissa mantenía la pistola aún en alto, atenta a cada movimiento de Sam y Leo se posicionó delante de mí en un acto defensivo, como si estuviese en condiciones de defenderme. Le tomé el brazo y quité mi mano de inmediato, estaba ardiendo, todo su cuerpo irradiaba calor, como si fuera una gran bomba a punto de explotar. 

El seguía sonriendo en dirección a nosotros.

- Eres una sombra- solté en un suspiro.

- Muy observadora- se rió ligeramente mirándome directamente, como si Leo y Raissa no estuvieran bloqueándome- pero me sorprende que no te dieras cuenta antes, siempre decías que mi olor había quedado grabado en tu piel – escuché a Leo bufar delante mío- ¿recuerdas?, recuerdas como utilizabas mi ropa en las mañanas sólo para envolverte en mi aroma- se movió amenazante en una media luna, sin dejar de apuntarnos y sonreír. 

- Ya ves, lo superé- contesté sin ninguna emoción, no le daría la satisfacción.

- Veamos si lo suficiente para defenderte de mí- y me lanzó un beso- porque voy a matarlos. 

Raissa fue la primera en reaccionar y le envió un dardo directamente a su pecho, pero él dio un salto con la agilidad que lo caracterizó siempre, desapareciendo entre las llamas que comenzaban a renacer. Ella siguió disparando pero ninguno dio en el blanco. 

- ¡Es experto en artes marciales!- grité antes de que cualquiera de los dos tratara de ir a su búsqueda 

- Veo que fui una motivación para ti cherrie- dijo mientras reaparecía frente a nosotros levantando el lanzallamas del suelo.

- ¡No me llames así! – grité, al tiempo que me sentí completamente recuperada, con una ráfaga repentina tiré el lanzallamas de sus manos, enviándolo directamente por la ventana.

- Siempre supe que esa sería tu habilidad- dijo con una sonrisa más amplia- cada vez que te sentías triste el viento comenzaba a soplar- hizo una mueca de ternura – recuerdas que me pedías que te abrazara porque pensabas que el viento te llevaría, ¿aún te refugias en el aire para limpiar tus penas?

No lo lograría, no me desconcentraría recurriendo a la historia que hubo entre nosotros, ya había superado lo que en su momento creí era la peor de las traiciones, no lo dejaría reabrir una herida ya sanada. 

Ahora era inmune a él. 

- ¡Cierra la boca Sam!- como si el aire en mi mano fuera un látigo, lo golpeé en la cara abofeteándolo, él sólo se sobó con el reverso de la palma pero no quitó la sonrisa de su rostro

- ¿Qué le veías a este tipo? – preguntó Leo mientras le lanzaba unas estrellas que sacó del forro de la silla- en serio, ¿y dices que yo soy idiota? – siguió lanzando estrellas, pero él las esquivó sin problemas- 

- ¿¿Tuviste eso ahí todo el tiempo??- preguntó Raissa apuntando pero sin disparar nada, Sam se movía demasiado rápido como para tratar de apuntarle. 

- ¡No dije que fueras idiota! – le contesté enviando ráfagas de viento para evitar que las llamas se formaran nuevamente, Sam había alcanzado a comenzar pequeños incendios antes de que le arrebatara el lanzallamas- lo que dije fue- 

- ¡No es el momento! – nos gritó Raissa 

- Uff pero yo estaba disfrutando la conversación- nos gritó Sam desde el otro lado del departamento- ¡lástima que no me traje un snack!- le lance otro latigazo pero lo esquivó con gracia- esto se está poniendo entretenido

- De verdad Leo, ¿no podías lanzarle esas cosas un poco antes?- preguntó Raissa un tanto exasperada.

- Vieras como me picaban las manos por llegar a la base- dijo con una sonrisa mientras se agachaba para sacar los tirdrapes de debajo del escritorio

- ¿Hay alguna parte donde no escondas armas?- le pregunté, su casa parecía sacada de los hombres de negro. 

- Hay un par de sitios que te pueden interesar- 

Dijo mientras se acercó a mí, acorralándome a una pared, quedando su boca sólo a centímetros de la mía, me miró con picardía y movió la fotografía gigante que estaba a mi espalda, para sacar de detrás de ella una espada. 

- Eres un idiota- dije ofuscada, Sam no me había desconcentrado, pero Leo sí. 

- Pero este idiota no intenta matarte pequeña- se anudo las correas que sujetaban los tirdrapes a los brazos y tomó la espada con la izquierda. 

- Pueden coquetear más rato quieren- dijo Raissa molesta- tenemos algo más importante que hacer primero, luego pueden hacer lo que quieran

- No estamos coque… -

Comencé a contestar, pero no pude completar la palabra, porque Sam sacó de su chaqueta una pequeña pistola más gruesa que la de Raissa, pero tampoco parecía ser de balas, tenía la punta cuadrada y no había un agujero por el que saliera el proyectil, los ojos comenzaron a brillarle con intensidad mientras levantaba la mano y apuntaba el arma directo hacía mí. 

Lo vi jalar el gatillo en cámara lenta, Raissa se giró hacía mí con una mueca de horror y yo no pude reaccionar, me estaba disparando, me había disparado, sabía que no alcanzaría a reaccionar y el golpe me llegaría directo, pero me negué a cerrar los ojos, no le daría la satisfacción de verme rendida. En el último segundo, cuando ya estaba resignada al golpe que fuera directo, Leo se puso frente a mí para recibir el golpe completamente.

Cayó inmediatamente al suelo y comenzó a convulsionar producto del shock eléctrico que le provocó el disparo. 

- ¡Leo! – gritamos al mismo tiempo Raissa y yo, pero ninguna se agachó a su lado, no podíamos bajar la guardia, ahora menos que nunca, no podíamos dejar que Leo siguiera dándoselas de nuestro escudo.

- ¡Que caballero!, ¿seguro que no quieres recibir más llamas?- su risa retumbó por el apartamento y lo callé de una al lanzar por los aires la pistola que aún mantenía en las manos. 

- Somos dos contra uno- Raissa le advirtió seriamente. – y tú claramente te estas quedando sin armas - dijo mientras lo arrincona a la ventana con su pistola en una mano y la espada de Leo en la otra. 

Él pareció no inmutarse ante la amenaza, pero no dejó de retroceder, arrimándose a la ventana. Una vez que estuvo totalmente acorralado, sonrió nuevamente y nos quedó mirando. 

- Creo que seré piadoso y las dejaré ir, pero antes quiero que sepan. 

Sentí a Leo moverse a mi espalda, por el rabillo del ojo vi cómo se recomponía sentándose en el suelo afirmándose el estómago pero sin la fuerza para ponerse de pie. 

- No podrán rescatarlos antes del equinoccio, la profecía ya está en marcha- le dedicó una mirada fija a Raissa- y como te dije en ese momento, la Protección caerá- y acto seguido se tiró por la ventana.

***

Me congelé al escuchar esas palabras, las mismas palabras que me había escrito en su mano la noche que me persiguió por casi toda la ciudad. 

Aixza corrió hacia la ventana para ver qué había pasado con él, mientras que con Leo nos mirábamos fijamente a su espalda, no podíamos decirle, cómo le diríamos algo así, en los ojos de Leo vi la determinación que el sentía por no contarle nada, pero yo sabía que tarde o temprano ella tendría que saberlo. 

- Lo estaban esperando- dijo Aixza regresándonos a la realidad- había una camioneta negra con un colchón inflable bajo el edificio, se nos escapó. 

¿Qué hacer?, ¿le decíamos o no?, esas dos preguntas daban vueltas en mi cabeza y podía sentir perfectamente la indecisión de Leo, se debatía entre decir o preguntar algo. Dada su cercanía con Aixza, lo más sensato era que él fuera quien dijera lo que no podríamos ocultar por más tiempo, así que le di un pequeño empujón. 

- Chicas, tenemos que salir de aquí. 

Su cara de póquer era imperturbable, había decidido no decirle nada a Aixza, con lo que me dejaba en la desagradable tarea de ser la odiosa nuevamente, la que le recordaba lo poco que sabía de todo, no había que ser un genio para darse cuenta lo que detestaba ser la menos informada. 

Pero eso podía esperar. 

Leo intentó levantarse pero cayó directamente al suelo, Aixza llegó a su lado y tomó de su brazo con cuidado, él no se resistió e intentó poner de su parte para alivianarle la carga. Tomé lo que parecía haber sido una pata de una mesa y se lo pasé a modo de bastón. 

- No puedo creer que el desgraciado arruinara mi casa- comentó mientras apoyaba el palo para caminar- ¡y ahora que voy a hacer!

- Te puedes quedar conmigo- Aixza le contestó y Leo palideció- si quieres obvio- ella se encogió de hombros y comenzó a escupirle información muy rápido- tengo una pieza pequeña extra, si no te dan alergia los gatos, lo malo es que no tengo ascensor por lo que tendrías que quedarte un poco encerrado mientras te recuperas, o si prefieres quedarte con Nicholas, yo no…- 

- Pequeña, prefiero quedarme contigo- la calló y yo ya comenzaba a aburrirme de ser la tercera rueda.

- ¿Definen su vida en pareja más rato? Yo me quiero largar de aquí. 

- Nosotros no…- comenzó a hablar Aixza

- Si, si, bueno, por mi pueden hacer lo que quieran, pero preferiría largarme antes de que suba la policía o los bomberos. 

Comencé a recopilar las armas que estaban desparramadas por lo que quedaba del apartamento de Leo y a guardarlas en una bolsa, no era bueno dejar pistas de nada a nadie. 

- No creas que no preguntaré- dijo Aixza desde la pared en la que apoyó a Leo. 

- Estoy segura que lo harás- contesté.

- Aunque también me gustaría saber que tiene de especial el equinoccio. 

- En esa fecha pueden romper el vínculo- dijo una voz desde la puerta.

Los tres nos giramos para ver de quien se trataba, en el umbral había un hombre que creo haber visto un par de veces antes, sólo que ahora caía en cuenta que era el mismo, nunca había notado las veces que lo vi a mi alrededor, mientras corría entrenando, en una que otra misión como parte del público de fondo, en la cafetería de Aixza…

Era de la misma altura que Leo, pero donde Leo era un hombre imponente y que no pasaba desapercibido, el que nos observaba parecía pasar de incognito sin dificultad, vestía jeans negros y una camiseta verde sin diseño, tenía el cabello negro y la tez clara, las facciones tan comunes que no llamarían jamás mi atención, hasta que me fijé en sus ojos, eran de un color tan profundo que era difícil saber si eran azules o violetas, totalmente cautivantes. 

- ¿Es broma?- Aixza se tomó la frente con las manos- ¿Tú también Javier?

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