domingo, 4 de agosto de 2013

Capítulo 28 - El Motociclista

Raissa se acomodó a mi lado y me indicó como ponerme la mascarilla para poder respirar mejor, la verdad es que el alivio fue inmediato, pude pensar con mayor claridad y ordenar mi cabeza de forma coherente. Me entregó un par de lentes transparentes para el humo, idénticos a los que ella levaba y cuando los tuve puestos me pasó a Romulo y Remo, yo los guardé en mi chaqueta para que no molestaran. 


- Tengo esto también – dijo mostrándome unos guantes grises largos – son de neopropeno, para la temperatura, resisten hasta 200 grados. 

- Se ven útiles, pero no puedo- le mostré mis manos desnudas- si me pongo guantes no podré controlar el aire. 

- Toda la razón cómo no pensé en eso, ¿cuál es la situación? – elevé mis cejas- sabes a lo que me refiero – dijo meneando la cabeza.

- Hay una sombra con Leo- le conté, indicando con mi mano hacia el interior del departamento. 

- ¿Segura?

- Después de todo lo que ha intentado matarnos y si nosotros somos los de la profecía, ¿te cabe alguna duda?

- olvídalo, fue estúpido de mi parte preguntar – comenzó a sacudir la cabeza- el humo me está afectando.

- ¿Te parece que si después de rescatar a Leo y atrapar a la sombra definimos quien comete más estupideces?

- Don’t need to be rude – se rió silenciosamente. 

- Disculpa, es la tensión- ella me dio una de esas sonrisas de “estamos por morir y aún nos queda sentido del humor”.

- ¿Algo que deba saber?

- Si, puede imitar voces, así que ten cuidado – ella asintió y nos quedamos ambas agachadas a sólo unos metros del departamento.

Se escuchó un nuevo golpe en el interior, seguido de otra explosión, pero ahora no escuché ningún grito, sólo los ruidos potentes. No podía parar de pensar en las condiciones que estará Leo, totalmente expuesto al fuego atado a esa silla. 

Comencé a gatear de regreso al departamento dejando a Raissa detrás mío, cuando ella tiró de mi brazo llevándome de regreso al corredor. 

- No nos separemos, así es más fácil que nos confunda y ocupe nuestras voces- me dijo mostrándome un artefacto que no había visto a causa del humo y la tensión. 

En su mano había lo que a todas luces se veía como una pistola, pero por las plumillas que salían de la chaqueta de Raissa supuse que era de dardos tranquilizantes. Ella la cargó y avanzó hacia el interior, apuntando a ciegas desde la puerta. 

- Ahora a esperar que hable- dijo con una sonrisa en la cara. 

Le tomé el brazo con fuerza y ella me miró confundida. 

- No lo lances.

- ¿Por qué no?

- Porque podrías darle a Leo- le advertí, si disparaba a ciegas, perfectamente podría darle a Leo, y no es muy práctico dejarlo más expuesto a las llamas y para colmo desmayado. 

- Muy sabia decisión – dijo la voz de Leo, pero con un tono no propio de él.

Raissa me quedó mirando y gesticuló lo que pude comprender como “¿la sombra?”, yo asentí con la cabeza, ambas avanzamos en silencio, pero antes de que pudieramos llegar a la mitad de la puerta escuchamos dos voces gritando nuevamente. 

- ¡¡Ayudenmeee!! – dijo la voz desde la ventana.

- ¡¡Aixza vete!! – se escuchó Leo desde la derecha.

- ¡¡Aixza cuidado!!- dijo el otro Leo de frente a nosotros. 

- ¡¡Leo cierra la boca!!- grití Raissa algo frustrada de mirar de derecha a izquierda. 

- No lo intentes- le dije- ahora sólo conseguirás que comiencen a gritarte dos Leo. 

- ¡¡Raissa es una trampa!! – Raissa abrió los ojos y yo solo la miré con cara de “te lo dije”.

- ¡Lárguense de aquí! 

- ¡¡Tiene un lanzallamas!! 

- ¡¡Está detrás de ustedes!!

En ese momento Raissa se dio vuelta y la tomé de la mano tirándola al suelo, pude sentir como el aire se volvía más caliente a mi espalda, y dos segundos después comprobé el porqué. Una ráfaga de fuego chocó secamente en la pared que había estado a nuestra derecha, haciendo explotar otra de las ventanas. 

- ¡¡Váyanse!! 

- ¡Que no entienden que es una trampa!

Nuevamente las voces venían de izquierda a derecha y no sabíamos que hacer. Ambas eran idénticas y podían ser de Leo, él nos diría claramente que era una trampa y que nos largáramos, teníamos que pensar en algo.

- ¿Cómo sabemos cuál es cuál? – le pregunté a Raissa, ella se tomó el mentón y me miró sonriente. 

- Simple- contestó – ¡¡Leo que hace calor aquí!!

- ¡¡Deja de quejarte y ayúdame o lárgate!!- se escuchó de la derecha.

- Imagina como sería si estuvieras a mi lado maquinadora- gritaron desde la izquierda, Raissa me miró satisfecha y yo entendí de inmediato.

- Cúbreme la espalda.

Cerré los ojos para concentrarme, nunca antes había necesitado con tanta urgencia generar una ráfaga tan fuerte y helada, que fuera capaz de apagar por completo todas las llamas, o al menos la mayoría, de las que nos rodeaban. 

Sentí como la energía fluía desde la boca de mi estómago, de a poco fui capaz de juntar en mis manos la suficiente cantidad de aire y concentrarlo en una gran bomba que enfoqué directamente hacia donde sabíamos con certeza que Leo estaba. 

La ráfaga de aire se expandió como una onda a mi alrededor, tan fuerte y voraz, que gran parte de las llamas se extinguieron por completo, dejando sólo las más lejanas a nosotros aún con vida. 

Entre medio del humo que comenzaba a disolverse de a poco pudimos ver a Leo, con varias quemaduras a su haber y la cara llena de hollín, casi de desmayo al verlo magullado por completo, y también porque mucha energía no me quedaba después de apagar casi todo el incendio, pero Raissa me sostuvo y me empujó hacia donde estaba Leo. 

Al llegar a su lado, tomé a Rómulo y comencé a intentar cortar sus ataduras, eran bastante más gruesas de lo que pensaba y estaban recubiertas por una capa de metal, por lo que supongo que Leo no pudo librarse él mismo de ellas. 

Raissa me hizo a un lado entregándome su pistola, sacó de su bolsillo un cortante y cortó las ataduras. 

- ¿Estás bien? – le pregunté mientras lo desataba.

- Mejor imposible pequeña- contestó con una sonrisa y de inmediato cayó al suelo 

- ¡¡¡Raissa!!! – grité desesperada- ¡¡¡Ayudame!!!

- Esto aún no acaba compañeros- nos dijo mientras me ayudó a levantar a Leo del suelo, él se incorporó de a poco, seguramente llevaba mucho tiempo en la misma posición. 

- Déjame recuperar el aliento – le tomó el brazo, evitando que ella se levantara.

- Listos para otra ronda- dijo la voz de Leo desde el otro lado del departamento. 

La mirada de Leo era de furia, seguimos con la mirada la voz, el motociclista se había escondido tras uno de los pilares, pero a medida que el humo se terminaba de extinguir, pudimos ver como su silueta se formaba lentamente tras uno de los pilares que aún no se derrumbaba. 

Su tenida de chaqueta y pantalones de cuero negro, seguramente lo protegieron de las llamas del incendio, y claramente el ser él quien manejaba la dirección de las llamas. Más aún si tenía un lanzallamas en una mano y una katana en la otra. Pero las llamas no lo habían perdonado sólo por ser su creador, algunos parches de la tenida de cuero estaban deshechos por las llamas, el casco estaba a medio derretir en la parte superior y el visor ligeramente corrido en diagonal, pero sin permitirnos verle la cara, aún… 

- Aixza Aixza, siempre has sido tan mala para confiar en tus instintos.

Me paralicé en el sitio, sólo escuchar esa voz me dejó sin habla, tan familiar como si hubiésemos hablado ayer, pero no podía ser, esa voz no la escuchaba desde hace meses. 

No podía ser. 

- Esa voz la conozco- dije casi sin respirar, Raissa y Leo se giraron a verme asombrados. 

- ¿Qué estás diciendo?- Raissa no pestañaba y no estaba segura de que Leo estuviese respirando, solo me miraba con los ojos abiertos. 

- Que conozco esa voz…

- No solo la voz Cherrie

- No puede ser…- bajé mis brazos a los costados, tratando de mantener el equilibrio, no podía creer lo que estaba escuchando. 

- Nunca sospechaste, en años- dijo satisfecho mientras dejaba el lanzallamas a un lado.

- Tú no me engañaste…- cuan equivocada había estado.

- Si lo hice querida- se rió con satisfacción- Sólo que no como tú pensaste.

- ¿Aixza sabes quién es?- Raissa estaba pasmada también, pero apuntaba directamente a nuestro adversario.

- Pequeña- Leo tomó mi mano, mitad afirmándose, mitad afirmándome.

- Claro que sabe quién soy, ella me conoce mejor de lo que ustedes creen.

Con la mano que tenía libre comenzó a sacarse el casco. Me congelé completamente, esa sonrisa burlona y esos ojos negros los reconocería en todas partes. Mi memoria no les había hecho juicio, su delicada cara, su cabello negro desordenado, esa mirada traviesa que me encantaba. Todo estaba frente a mi ahora, enfundado en un traje negro con un casco en una mano y una katana en la otra, las mismas manos que yo conocía tan bien, que me habían confortado tantas veces, que me habían acariciado con cariño y otras veces con pasión. 

La mentira y el engaño que yo malinterpreté completamente. 

Él comenzó a reírse suavemente y como un ronroneo dije su nombre apenas. 

- Sam…

2 comentarios:

  1. Buenisimo... Ahora si que estoy sorprendida, un nuevo integrante a la historia. Ya deseo el proximo capitulo

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